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Maternidad 2018-02-08T21:20:41+00:00

¿QUÉ ES LA PSICOLOGÍA PERINATAL?

Las personas que se emprenden en la maravillosa tarea de ser padres deben enfrentarse a lo largo de todo el proceso a numerosos retos, tanto de ilusiones, como de inconvenientes. Por ello, es importante intentar aunar fuerzas y recursos para prepararse para hacer frente a esta aventura.

La Psicología Perinatal ofrece múltiples recursos para dicha preparación. Al ser la rama de la psicología orientada hacia los aspectos psicológicos y emocionales que están relacionados con la concepción, el embarazo, el parto y la crianza temprana. Está enfocada en la prevención e intervención con las familias a lo largo de todo este proceso, ofreciendo un espacio de soporte emocional, favoreciendo herramientas para prevenir y atender las dificultades psicológicas que puedan desarrollarse durante estas etapas. De esta manera, favorece la construcción de un vínculo seguro, cálido y saludable entre el bebé, la madre y la familia.

La detección temprana de factores de riesgo en fases tan iniciales y sensibles permite un amplio margen de acción para prevenir el desarrollo de problemas psicológicos y emocionales asociados, permitiendo el desarrollo de estructuras más sanas que beneficien el vínculo madre-hijo.

El proceso de maternidad comienza desde el momento en el que surge el deseo o la expectativa de tener un hijo. Incluso desde ese instante se comienzan a construir vínculos emocionales con el futuro bebé, que pueden condicionar la relación. Desde elaborar algunas dificultades que pueda implicar la concepción, así como prepararse para la paternidad, pueden ser motivos para recurrir a un profesional de esta área. Algunas demandas frecuentes que suelen ser competencias del psicólogo perinatal son:

  • Duelo vital por la transición a la maternidad.
  • Depresión durante el embarazo.
  • Duelo por aborto o pérdida del bebé.
  • La paternidad tras la pérdida de un bebé.
  • Gestión emocional durante el embarazo.
  • Dudas durante el embarazo.
  • Preparación emocional para el parto: miedo al parto.
  • Pareja y paternidad: integrar ambos roles.
  • Mejora del vínculo con el bebé.
  • Problemas de ansiedad durante el embarazo.
  • Búsqueda frustrada de la maternidad.
  • Dificultades en la adaptación a la maternidad o paternidad.
  • Desarrollo de un vínculo seguro con el bebé.
  • Dificultades con la lactancia.
  • Adaptación de la familia al nuevo miembro familiar.
  • Depresión post-parto.
  • Cuidado emocional de los nuevos padres.

Un experto en este campo tiene el conocimiento preciso para poder evaluar y detectar las particularidades que conllevan el embarazo y la maternidad, así como las complicaciones emocionales que pueden surgir a lo largo de todas las etapas, desde la concepción hasta la crianza. A su vez, cuenta con una comprensión sobre los elementos que influyen en los vínculos que favorecen la salud del bebé y de la familia.

Por otro lado, es importante tener presente que las pérdidas y experiencias traumáticas que pueden estar implicadas en la maternidad tienen una cualidad especial, que muchas veces no es reconocida a nivel social. El acompañamiento que puede ofrecer el especialista en perinatal, permite cuidar y atender las vivencias especiales que suceden en estos procesos, cuyo abordaje es diferente.

Por lo tanto, contar con un psicólogo experto en temas perinatales es un recurso de garantía para recibir una ayuda de calidad. A su vez, es importante que sea un profesional con experiencia en el trabajo vincular, para poder ser un soporte emocional de calidad en todo el proceso terapéutico.

A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos con diferentes retos evolutivos. Uno de ellos es el paso a la maternidad y paternidad. No hay que olvidar que, siempre ante cualquier cambio, hay aspectos que se pierden y otros que se ganan. Si la persona está muy conectada con aquello que pierde, y se instala en esta dinámica, probablemente la transición al cambio resulte más complicada. Si bien, elaborar las pérdidas requiere enfocarnos en lo que perdemos para poder decir adiós, también es necesario poder conectar con las ganancias que se obtienen, para poder estar motivados a avanzar.

En el caso de la maternidad / paternidad, existen múltiples factores que influyen en que aceptar estos cambios resulte más o menos difícil. El estilo de vida de los futuros padres y de la pareja llevado hasta el momento, el miedo al cambio y las habilidades de adaptación, las necesidades y características del bebé, la red de apoyo con la que se cuenta, entre muchos otros, son factores de peso que condicionan el tipo de transición. A su vez, cómo se hayan atendido las posibles heridas de la infancia de los futuros padres y cómo ha sido la relación con sus propios cuidadores, son factores muy significativos para poder hacer frente a esta aventura.

Elaborar el duelo por las pérdidas de la vida anterior a la paternidad, supone una aceptación de los nuevos roles y tareas que están implicados en la crianza. Para ello, es necesario poder despedirse de lo que ya no va a volver, así como implicarse en los nuevos retos de lo que hay que aprender y asumir a partir de ahora. Ajustar las expectativas a la realidad tener un hijo, es un paso muy importante. Asumir las nuevas tareas sin un nivel de frustración elevado, con una disponibilidad emocional para ese nuevo vínculo que va a demandar de forma masiva, son indicadores claves que reflejan una buena adaptación a la paternidad.

La psicoterapia puede convertirse en un espacio clave para poder contribuir con esta preparación y facilitar la adaptación a los cambios. Ajustar las expectativas, cerrar heridas del pasado, trabajar la imagen de los padres para verse capaces de hacer frente a este reto, potenciar recursos emocionales, aceptar al hijo real, gestionar los miedos, entre muchos otros, son contenidos que se pueden trabajar con el psicólogo para mejorar esta adaptación.

Tomar la decisión de ser madre es una tarea a veces compleja. Además del deseo, hay muchos otros factores muy importantes que atender para poder tomar una decisión responsable y comprometida en un paso tan importante en la vida. Entender qué motiva el deseo de ser madre, cuáles son las expectativas que se tienen sobre ese rol, los miedos que puede generar, entre otros, pueden ayudar a esclarecer si la decisión se toma desde un lugar sano y beneficioso para dar vida a un nuevo ser.

Si bien, el deseo de tener un hijo siempre está relacionado con una necesidad personal del futuro padre o madre, ésta puede responder al deseo de éstos de ser cuidadores, ser generosos, etc, que favorecen a la construcción del rol materno. Por el contrario, desear tener un hijo depositando en éste responsabilidades que no le corresponden, por ejemplo “que sea todo lo que yo no he podido ser”, pueden perjudicar la relación y al futuro hijo.

La psicoterapia puede ser un recurso sumamente útil en esta decisión, al permitir un espacio de reflexión, para que la persona pueda tomar conciencia de las motivaciones que pueden estar debajo del deseo de la maternidad. Conocerlas le permite poder decidir desde un lugar más consciente y responsable. Haciendo posible que se ajusten las expectativas a la realidad, para poder asumir este paso de una forma sana y satisfactoria.

No poder alcanzar la maternidad/paternidad con facilidad o por medios naturales, es una fuente de malestar y estrés psicológico importante. A lo largo de este proceso se experimentan una serie de fases que muchas veces representan un reto emocional para cada uno y para la pareja. Contar con el apoyo de un terapeuta experto en psicología perinatal puede ser un elemento clave para transitar este camino.

Muchas mujeres que desean ser madres y no lo consiguen, frecuentemente intentan con todas las alternativas que se encuentran, como productos de herbolario, control de los periodos de ovulación y aun así no lo logran. Una vez llegan a los tratamientos de fertilidad, ya cuentan con una experiencia previa de frustraciones y desgaste. Esta lucha puede resultar muy dura, debiendo enfrentarse a un alto nivel de incertidumbre. Nadie puede saber cuándo se puede quedar embarazada. Esto puede llegar a convertirse en un suplicio para muchas mujeres y parejas. En este proceso, sus vidas pueden llegar a focalizarse en el intento de conseguir el embarazo y no hay cabida para nada más, resultando muy desgastante. El factor tiempo y los tratamientos de fertilidad son sin duda muy duros. La prisa acelera la tensión y al final las consecuencias a nivel emocional hacen que el proceso sea aún más complejo.

Durante un tratamiento de fertilidad se puede experimentar diferentes procesos emocionales, tanto individualmente como pareja, en función del momento de la intervención en el que se encuentren. Al inicio, durante las primeras visitas a las unidades de reproducción, se puede vivir una sensación de ilusión e incertidumbre. Parece que se abre una posible esperanza, luego de un tiempo de elevada frustración. A lo largo del estudio de fertilidad, es frecuente experimentar un fuerte nivel de estrés, ya que los detalles son sumamente importantes, pudiendo resultar muy angustioso. El momento del diagnóstico puede resultar emocionalmente contradictorio, ya que se produce un alivio al conocer el origen de los problemas que padecen, como un punto de partida para la solución. Sin embargo, se experimentan distintas pérdidas, en cuanto a la salud reproductiva y la posibilidad de ser padres sin complicaciones.

A lo largo del tratamiento, puede que la ilusión, la esperanza y la fuerza del inicio, vayan mermando ante dificultades y estresores que se encuentren a lo largo del proceso. Las visitas a la unidad de tratamiento y la aplicación del mismo, pueden alterar significativamente las rutinas, generar mucha tensión y roce en la pareja. Es frecuente que la mujer se focalice excesivamente en su cuerpo y que ambos experimenten impaciencia. Puede ser una espera angustiosa, agónica y desgastante, especialmente cuando surgen dificultades que requieren múltiples intentos.

El papel del psicólogo puede ser clave para ayudar a tolerar lo que ya de por sí es difícil. A pesar de que no se sabe cuándo llegará el momento de tener un hijo, un hecho claro es que estar en tensión no ayuda. Es importante poder potenciar y desarrollar recursos emocionales que ayuden a sostener afectivamente a los futuros padres en ese camino. Muchas veces no es reconocido el impacto emocional que implica este proceso, que requiere de una preparación y ayuda, tal como sucede en el tratamiento de enfermedades crónicas. La intervención psicológica contribuye a desactivar ese estado de alerta que puede generarse por la ansiedad producida, así como, promueve la elaboración de los duelos que deben tramitarse por las expectativas no cumplidas. Es imprescindible ajustar las expectativas, gestionar la incertidumbre, normalizar los síntomas, crear redes de apoyo, cuidar la expresión de afecto y la comunicación en la pareja. De esta forma se hace un trabajo de prevención y se proporciona un soporte emocional para la mujer o la pareja.

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A pesar de que la vivencia emocional que puede suponer un aborto muchas veces no es reconocida por la sociedad, igualmente constituye una experiencia de pérdida que implica un proceso de duelo y que puede generar mucho sufrimiento. Debido a esta situación, las mujeres pueden enfrentarse a algunos obstáculos que dificultan la elaboración de esta vivencia, muchas veces por un entorno que puede invalidar todo lo que supone, o por no darle el espacio necesario para poder procesarlo, siendo un tema del que suele haber mucho silencio. No existen rituales sociales que legitimen y faciliten este tipo de duelo o que reconforten a los padres ante el dolor.

Para una pareja o una mujer que espera la llegada de un hijo, la pérdida inesperada durante la gestación puede implicar una experiencia traumática, es una situación paradójica, donde la vida y la muerte parecen fusionarse de forma inesperada. En muchas ocasiones se puede desencadenar una reacción de un “no-suceso”, tanto por parte del entorno como de los padres, en la que ésta se vive como algo olvidable de inmediato, intentando suprimir lo que ha pasado y buscar otro embarazo lo antes posible. Sin embargo, al igual que todas las pérdidas, deja un vacío que necesita ser atendido y reparado.

Cada vez más la psicología se ha enfocado en estudiar el impacto emocional que puede tener este tipo de pérdida. En la cual se pueden desarrollar sentimientos de rabia, culpa, confusión, falta de energía, síntomas depresivos, sueños reiterativos con el bebé perdido, entre otros. Muchas veces se desconoce el motivo de la pérdida, pudiendo aumentar el malestar e incluso generando la sensación a la mujer de que sido traicionada por su propio cuerpo. Es un impacto muy fuerte tener que sustituir un acto de celebración como el del embarazo, por uno doloroso como el de la pérdida del mismo. Es frecuente que en estas ocasiones se puedan desencadenar sentimientos de envidia por aquellos que han finalizado el embarazo sin dificultades, así como sensaciones de vulnerabilidad y pérdida de control. A su vez, puede ocasionar roces en la pareja, por la fantasía de que el otro puede decepcionarse por lo ocurrido. Es frecuente que se desencadenen reacciones emocionales intensas ante los aniversarios, como la fecha de la pérdida, de la noticia o la prevista para el parto.

Cuando aún no se han tenido hijos, esta pérdida a su vez puede desencadenar mucha angustia y preocupación acerca de si va a ser posible dar vida y asumir el rol de padres. Es importante atender esta preocupación que puede generar mucha ansiedad a lo largo del proceso, implicando un conflicto en cuanto al proyecto vital de los padres, además de remover aspectos de su identidad y desarrollo personal.

Investigaciones reflejan algunas características que suelen estar presentes en los distintos tipos de pérdida perinatal:

  • Aborto espontáneo: la experiencia emocional que se genera puede variar según la semana de gestación y otras características de los padres. Es posible que se desarrollen síntomas físicos de ansiedad, sentimientos de culpa, rabia, vacío, así como dificultades para dormir, inapetencia, aislamiento social, pérdida de apetito sexual, etc. En algunas ocasiones, puede suponer un conflicto para la mujer, que puede angustiarse por si la pérdida es un reflejo de que algo va mal con su feminidad. Muchas veces sienten la necesidad de leer sobre el duelo o buscar información de otras personas en su situación, pudiendo generar expectativas de que la pareja haga lo mismo, ocasionando conflictos. Puede resultar difícil para la pareja comunicar que ya no habrá bebé a quienes se les había anunciado. Muchas veces la respuesta social puede minimizar la importancia de lo ocurrido, al enfocarlo como que habrá nuevos embarazos en el futuro, pudiendo invalidar la respuesta emocional ante este suceso.
  • Aborto voluntario: las investigaciones muestran que las respuestas emocionales pueden ser similares a las del aborto espontáneo, con la dificultad adicional de que a nivel social, puede ser mayor la tendencia a invisibilizar la experiencia de duelo que supone e incluso puede resultar muy controversial.
  • Interrupción del embarazo por problemas del feto o por riesgo físico para la madre: la decisión de abortar por alguna malformación en el feto puede generar mucha sobrecarga para los padres, generando sentimientos de culpa y vergüenza. La mujer puede llegar a culparse por haber gestado un feto defectuoso, además de haber decidido su muerte, generando mucho sufrimiento. A su vez se experimenta la sensación de pérdida de la oportunidad de ser madre, o la incapacidad de serlo de este hijo. Pueden vivir con resentimiento la idea de que han sido forzados por la tecnología a tomar una decisión tan importante. Por el contrario, algunos pueden experimentar agradecimiento por la posibilidad de conocer la realidad a tiempo.
  • Reducción selectiva de embarazos múltiples: esta experiencia suele ser el resultado de la aplicación de técnicas de fertilidad, por lo que es probable que exista una historia previa de pérdidas. La decisión suele venir por la imposibilidad de la supervivencia de todos los fetos, siendo una carrera contra el tiempo, aumentando mucho la angustia. Repentinamente los padres se enfrentan a la situación de que son “demasiados futuros hijos”, tras haber tenido que lidiar con un proceso de incapacidad para concebir, lo que puede resultar muy desconcertante. Suele suponer una enorme pena, un dolor que puede crecer por el sentimiento de incomprensión y soledad, muchas veces llevándolo en secreto por miedo a las respuestas que pueda generar. En estos casos, las investigaciones muestran que se puede producir una depresión moderada, así como elevada ansiedad y malestar por las fantasías de cómo habrían sido los otros hijos y la experiencia familiar sin las pérdidas.
  • Pérdida por la muerte fetal intraútero o en el parto: esta experiencia parece generar múltiples pérdidas, tales como el momento de convertirse en padres y asumir ese rol, la expectativa de familia que se había construido en la imaginación, el reconocimiento de ese hijo por parte de personas del entorno, la inocencia con respecto al embarazo y el parto, la experiencia de lo que pudo ser, entre otras. Es importante que puedan elaborar todos esos duelos, que ayuden a cuidar la salud emocional de los padres.
  • Pérdida embarazos múltiples: la mortalidad perinatal es mayor en embarazos múltiples que en únicos. Suele ser un tipo de gestación especial, debido a las expectativas que genera. Si se da una pérdida, no sólo se pierde un bebé, sino también un gemelo. Si se debe continuar el embarazo con uno de los fetos vivos y el otro muerto, es importante que la madre reciba mucho apoyo emocional a lo largo de todo el proceso, muchas veces experimentando el parto con mucho malestar. Es una experiencia en la que se vivencian muchos sentimientos encontrados, debido a la alegría de recibir al bebé que ha permanecido con vida, y al dolor por el bebé perdido. Es muy positivo que los padres reciban apoyo psicológico para poder elaborar la añoranza del hijo no nacido y las fantasías de lo que pudo ser.

Acudir a terapia en situaciones de muerte perinatal permite la construcción de un espacio en el que esta pérdida puede hacerse visible y ayudar en su superación. A su vez, puede facilitar el trabajo emocional de otros aspectos relacionados con esta experiencia, que aumentan los recursos para hacer frente al proceso de intentar convertirse en padres.

Después de la muerte de un bebé, la maternidad puede convertirse en un paso difícil de decidir. Algunos padres sienten la necesidad de tener otro hijo lo antes posible, mientras que otros prefieren dejar de intentarlo. Surge la duda de “si se puede soportar una vez más”.

En los últimos años, el trabajo con familias en las que se experimenta un nuevo embarazo después de una pérdida anterior, ha permitido identificar diferentes fases del proceso emocional que se vive a lo largo del desarrollo del nuevo embarazo.

A pesar de la gran dificultad que pueda implicar esta etapa, la mente tiene la capacidad de desarrollar recursos que le ayuden a protegerse y sobreponerse de esa gran pérdida para poder seguir adelante. Progresivamente y con el paso del tiempo, es posible ir asumiendo este suceso y generando nuevos recursos emocionales para poder continuar.

En estos casos, es importante poder atender dentro de la terapia algunos contenidos como:

  • Trabajar el miedo a otro embarazo con dificultades. Muchos padres que han sufrido la pérdida de un bebé dudan si volver a intentarlo creyendo que no podrían tolerar otra pérdida.
  • Trabajar la evitación del vínculo afectivo por temor a poder perder nuevamente al bebé. Hay padres que, ante la experiencia previa de pérdida, “desconectan” emocionalmente del hijo nacido. Se trata de un mecanismo de defensa no consciente, que intenta protegerles ante el miedo de una nueva pérdida, evitando involucrarse emocionalmente.
  • Resistencia a superar la falta de voluntad para recuperarse de la pérdida, por lealtad al bebé perdido. Otro mecanismo que se puede activar es el del miedo a la suplantación. Hay padres que se sienten culpables de haber tenido otro hijo, ya que sienten que están desplazando el lugar que ocupaba el bebé anterior. Es importante que en la terapia se ayude a que los padres dejen atrás estos mecanismos, elaborando la pérdida del bebé anterior, promoviendo un vínculo sano y seguro, como una medida de prevención de otros problemas.
  • Vincularse con el futuro bebé aún no nacido separándolo del bebé que murió. Hay padres que tratan de proteger al nuevo bebé de la muerte previa, suprimiendo cualquier tipo de recuerdo vinculado a esto. Sienten que, si lo olvidan o su recuerdo no está presente, están protegiendo al nuevo bebé. Sin embargo, es un intento de suprimir un recuerdo pero el dolor permanece y debe ser tramitado. Es importante elaborar lo perdido y saber colocar cada vivencia en su lugar. Cada uno de los bebés tiene que tener un espacio propio para que el vínculo con los padres sea positivo y favorezca el desarrollo emocional sano.
  • Duelo de los padres por la pérdida personal que ha supuesto para ellos el aborto. Los abortos no sólo afectan a la pérdida en sí del bebé, sino que también puede generar dolores que se desplacen a otras áreas más profundas de los padres. Por ejemplo, sentir que no van a poder ser buenos padres en el futuro si no han podido llevar a buen puerto un embarazo. La autoestima muchas veces queda dañada. Es necesario tenerlo en cuenta para poder elaborar el duelo sobre sus expectativas como padres, para que tengan un ajuste realista entre la realidad y sus ideales a conseguir. Es importante que en la terapia se potencien herramientas de parentalidad que les ayudará a ganar en seguridad para los cuidados de su bebé.

Es imprescindible que se tramiten y se cierren las heridas de la pérdida anterior para poder estar preparados para poder vincularse con el nuevo bebé, sin que la relación esté condicionada por el duelo. Cada uno tiene su espacio. Asumir la maternidad / paternidad implica hacerse cargo de una nueva vida, cuanto más ordenados estemos internamente de experiencias emocionales del pasado, más espacio tendremos para atender de forma sana las necesidades emocionales de los hijos y de nosotros mismos.

En los últimos años, la psicología ha orientado sus esfuerzos a aumentar la comprensión del proceso de duelo experimentado por la pérdida de un bebé, bien sea con días o meses de vida.

A pesar de las elevadas expectativas que puede haber con respecto a las unidades de cuidados intensivos, desgraciadamente no siempre todos los bebés pueden salir adelante. Algunos problemas que pueden generar riesgo vital pueden anticiparse durante el embarazo, sin embargo, hay otros que pueden aparecer de forma inesperada en las primeras horas o días de vida del neonato. Ésta es una experiencia que puede resultar muy difícil para los padres, en la que pueden debatirse entre el apego al bebé enfermo y el profundo miedo de que no pueda sobrevivir. Esto puede generar una ambivalencia entre la distancia o una presencia alerta. La vida parece condicionarse únicamente a las visitas hospitalarias y la evolución del bebé.

No se puede aceptar haber sido padre o madre como algo pasajero, ya que lo que nos identifica como tal es precisamente la vida de ese hijo, que es lo que da sentido a la paternidad. Su pérdida deja un enorme vacío, incluso de un estado emocional que sólo existía gracias a su presencia.

El acompañamiento psicológico durante la elaboración de la pérdida de un hijo puede ser realmente importante. Es necesario ayudar a los padres a conocer las distintas fases del duelo, para normalizar las emociones y sensaciones que van experimentando, las cuales pueden generar preocupación y miedo. Una de las primeras etapas es la de embotamiento o desorientación, en la cual hay una dificultad para poder creer lo que ha pasado, seguido por una aflicción generalizada, anhelo, cólera y una profunda pena, que pueden alternarse y aparecer en distinto orden.

A su vez, puede ser frecuente que aparezcan pensamientos obsesivos sobre el bebé, incluso a través de sueños recurrentes. Existen algunas ocasiones en la experiencia médica ha podido ser traumática o negativa. Es importante que la relación con el psicólogo pueda servir de espacio reparador ante la experiencia vivida, permitiendo un soporte emocional para ellos.

Es necesario poder darle un lugar físico a este tipo de duelos, lo cual ayuda a reducir la intensidad emocional de la pérdida e irla asimilando. Puede ser beneficioso realizar algún tipo de rito funerario que facilite una elaboración externa para procesarlo, que ayude a poco a poco asumir la realidad de lo que ha pasado y poder expresar sus emociones con personas significativas. Asumir una pérdida repentina puede resultar muy traumático, al tener que enfrentar de forma abrupta que la realidad ha cambiado y que alguien tan valioso ha dejado de estar. Es por ello que espacios donde ir asimilando dicha realidad son necesarios.

Otro punto importante que trabajar en la terapia, son los sentimientos de inadecuación de los padres, quienes necesitan no desvincularse de su rol, porque, aunque hayan sido padres por un periodo concreto, no significa que ya no lo sean. El rol de madre se prolonga incluso después de la pérdida con su necesidad de darle un lugar para llorarle y de preocuparse sobre cómo sería en un futuro o si estará bien allá donde esté.

La muerte de un bebé puede dar lugar a futuros problemas psicológicos como depresión profunda, ataques de pánico, pensamientos obsesivos, sentimientos de incapacidad ante futuros hijos, entre otros. Un duelo sano va a contribuir a prevenir esos futuros problemas, y sobre todo, ayudará a saber afrontar futuros retos sin que se reactiven estas heridas.

Muchas madres suelen manifestar preocupación ante la imposibilidad de tomar ansiolíticos durante el embarazo, pues temen que su ansiedad perjudique al bebé.

Los embarazos provocan en la mujer una serie de cambios físicos y hormonales que no todas las futuras mamás afrontan de la misma manera, pudiendo desencadenar un malestar intenso. Contar con recursos que ayuden a gestionar este tipo de síntomas, puede ser clave para mejorar el proceso de embarazo.

Existen diferentes estrategias que pueden ayudar a calmar la ansiedad sin necesidad de recurrir a un tratamiento farmacológico. En este tipo de casos es recomendable acudir a un psicólogo especialista que le ayude a entender el origen de la ansiedad para que luego se puedan aplicar métodos más específicos que le ayuden a manejar esos estados emocionales.

Algunos métodos están centrados en activar el propio sistema regulatorio del cuerpo para que pueda hacer su función y canalizar la ansiedad. A su vez, se puede entrenar en técnicas específicas de relajación y de respiración que reduzcan los niveles de activación. Muchas veces el malestar se agrava debido a altos niveles de tensión que pueden complicar la gestión de las emociones. Existen técnicas como el Mindfulness y el EFT que ayudan a tener más capacidad para regular las emociones, los síntomas físicos y el dolor.

Conocer bien nuestro propio cuerpo, incluyendo sensaciones físicas y emocionales, puede ayudar a discriminar adecuadamente lo que nos pasa, reduciendo la tensión y permitiendo un mejor manejo de las emociones. Es igual de importante conocer bien los pensamientos que se activan contribuyendo a determinados estados emocionales para así poder modificarlos.

Algunas técnicas cognitivas pueden ser muy útiles para reducir la ansiedad, permitiendo una mayor capacidad para reorientar los pensamientos, emociones y conductas, interpretando de forma menos amenazante las situaciones, aumentando las habilidades de solución de problemas, así como, identificando los pensamientos distorsionados que puedan estar generando ansiedad.

La psicoterapia puede ayudar a lograr una adecuada gestión emocional, de manera progresiva y con constancia. El terapeuta va dirigiendo al paciente a través de una serie de ejercicios que variarán según la persona y su progreso en la terapia. Dotar de recursos para la regulación emocional, ayudará a que el embarazo sea más llevadero y facilitará una mejor preparación al parto.

Cada parto es único. Cuando una mujer se queda embarazada, con frecuencia suele escuchar múltiples historias sobre experiencias de otras mujeres en sus partos. Esto puede crear una serie de miedos que hacen que el embarazo se viva con una angustia enorme. Las futuras madres se enfrentan a una realidad, en la que hay una gran incertidumbre acerca del dolor o posibles complicaciones que pueden generarse. Con frecuencia, muchas madres experimentan un miedo agudo sobre ese momento, viviéndolo con tensión. Existen dos tipos de miedos, uno que el bebé no nazca sano y otro que se sufra mucho físicamente. Hay muchos factores que pueden contribuir con que el miedo sea más o menos intenso:

  • Un miedo al dolor físico de cualquier tipo.
  • Alto nivel de sensibilidad al dolor.
  • Tener pocas experiencias con el dolor, lo que aumenta las creencias irracionales al respecto.
  • Experiencias traumáticas sobre el dolor o pérdida ya sea propio o de un entorno cercano.
  • Desconocimiento o falta de información sobre el parto.
  • Antecedentes de fobias como la agorafobia, trastorno obsesivo, hipocondría, miedo a la muerte.
  • Haber sido víctima de abuso sexual puede reactivar los miedos de esa experiencia, debido a que el parto reproduce algunas sensaciones corporales o imágenes que pueden asociarse a la experiencia traumática. Tales como la postura, la inmovilización, la manipulación de los genitales por parte de otros, etc. Esta reproducción de lo traumático puede favorecer que aparezcan defensas que intenten una desconexión desde lo emocional. En estos casos es fundamental que se realice un tratamiento psicológico para contener los síntomas y evitar que se reviva la experiencia traumática sin reparación.

A la hora de determinar el tipo de tratamiento es importante valorar el origen del miedo para tener en cuenta si existen traumas, falsos mitos, mal manejo del dolor, etc. El tratamiento debe adaptarse al perfil de cada persona, para lo cual se cuenta con herramientas de diferentes tipos. Se puede trabajar desde el miedo al dolor físico aumentando el nivel de tolerancia a éste, así como ejercicios de relajación y respiración. Si existe trauma o fobias hay técnicas concretas como el EMDR o desensibilización, por tanto, existen diferentes tipos de abordaje. Si hay desinformación o falsos mitos, el psicólogo debe trabajar desde la psicoeducación. Otro punto importante a incluir en la terapia es el abordaje de la baja tolerancia a la frustración y a la incertidumbre, que puede contribuir a altos niveles de ansiedad ante la espera del parto. Incluso pudiendo llegar a desarrollar cuadros obsesivos.

Si el miedo al parto es persistente, duradero e interfiere en la vida diaria es necesario acudir a un especialista, que facilite el proceso y cuide de la salud emocional de la futura madre y del bebé.

La depresión durante el embarazo, o la depresión previa al parto, es un trastorno del estado de ánimo conocido dentro de la depresión clínica, que se manifiesta entre un 13% y un 20% de las mujeres. Durante el embarazo, las alteraciones hormonales pueden afectar los niveles cerebrales de sustancias que están directamente relacionadas con la depresión. Si dichos cambios hormonales se le añaden componentes externos estresantes o dolorosos, se pueden desencadenar problemas anímicos llegando a un episodio depresivo.

Algunos síntomas a los que estar alerta para detectar una posible depresión son:

  • Tristeza que persiste en el tiempo.
  • Dificultades de concentración.
  • Alteración en el sueño por exceso o defecto.
  • Perdida de interés en actividades que antes se disfrutaban con normalidad.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o desesperanza.
  • Ansiedad.
  • Sentimientos de culpabilidad o inutilidad.
  • Alteración en la alimentación por exceso o pérdida de apetito.
  • En caso de que exista alguna sintomatología depresiva, es importante acudir al especialista. Muchas mujeres viven con angustia y malestar si experimentan emociones negativas durante el embarazo, debido a que las interpretan como una señal negativa de su rol de madre, teniendo expectativas promovidas por la sociedad de que debe ser una etapa idílica y sin complicaciones. Sin embargo, es un problema muy común que con acompañamiento psicológico puede remitir sin inconvenientes.
La depresión postparto es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar a las mujeres después de dar a luz, debido alteraciones químicas en el cerebro, por la disminución de los niveles de estrógeno y progesterona, produciendo sentimientos de tristeza, ansiedad y cansancio, que dificultan las actividades diarias. Ésta puede conllevar síntomas leves de depresión y durar un par de semanas sin necesitar tratamiento. El problema surge cuando los síntomas se intensifican y se cronifican en el tiempo.

Se considera depresión postparto cuando se produce un episodio depresivo durante el primer año de vida del bebé. No existe una causa concreta ya que hay múltiples factores que pueden influir en que pueda desarrollarse. Desde los cambios hormonales y físicos propios del embarazo, hasta el cuadro de estrés que supone cuidar a un bebé, con el cansancio y la falta de tiempo que eso conlleva.

Existen algunos factores previos a la maternidad que pueden aumentar el riesgo de padecer una depresión postparto. Si hay antecedentes de clínica depresiva o si existen dificultades para regular determinadas emociones, se incrementa la probabilidad de que se desarrolle, al enfrentar cambios vitales importantes como lo es la llegada de un bebé. Otro elemento importante se refiere a las relaciones de apego. El embarazo es una transición donde se pasa de ser hija a ser madre. En este proceso, es normal que muchas mujeres conecten con la relación mantenida con su propia figura materna. Si esta relación ha sido conflictiva o existen asuntos pendientes de resolver, es posible que se reactiven en este momento, pudiendo favorecer un cuadro de depresión postparto.

Si los síntomas persisten en el tiempo o se intensifican, es necesario buscar ayuda profesional. Lo ideal sería combinar un tratamiento farmacológico con psicoterapia, para poder atender tanto la parte química como la emocional. Si existen contenidos del pasado que no han sido resueltos y se activan con la maternidad, es importante poder trabajarlo en la terapia, no sólo para la remisión de los síntomas, sino también para promover un desarrollo sano del vínculo con el bebé. Recurrir a un profesional en el primer año de vida del bebé puede prevenir complicaciones futuras, tanto para el desarrollo psicológico y emocional del bebé, como para la relación de éste con sus padres.

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Uno de los pilares más importantes de la psicología perinatal es prevenir complicaciones gracias a la construcción de un vínculo sano entre la madre y el bebé. Muchas de las patologías psicológicas que se detectan en la vida adulta o en la adolescencia tienen su origen en los primeros meses de vida del bebé, estando relacionados con problemas en el vínculo. Esta relación se conoce como apego, siendo ésta la necesidad de proximidad y contacto que tiene el bebé hacia sus cuidadores. El pequeño empieza a configurar su visión del mundo, de sí mismo y de los demás los primeros 8 meses de vida, a través de cómo son estas relaciones. Si su madre o padre transmiten mucha ansiedad a través del vínculo o no se muestran disponibles de forma consistente, el bebé puede sentir que el mundo es peligroso e inseguro, pudiendo afectar a su gestión emocional en la vida adulta. Sin embargo si el bebé se siente seguro y bien protegido, desarrollará más recursos para la gestión de sus emociones en el futuro.

Durante la psicoterapia, el psicólogo puede ayudar a los progenitores a descubrir los recursos y dificultades que tienen a la hora de vincularse, para así modificar lo que sea necesario, resolviendo posibles conflictos o desarrollando los recursos, para dar un modelo de vínculo que contribuya a proteger el desarrollo emocional del bebé. Desde dotar de información, hasta el entrenamiento de habilidades parentales, son algunos de los elementos que se pueden trabajar en la terapia con este objetivo.

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Es normal que al principio las parejas se sientan desbordadas con el cuidado del bebé, especialmente si se trata de padres primerizos. Los primeros meses después del nacimiento pueden poner a prueba a la pareja, ya que, junto a la ilusión de la llegada del hijo, también está la falta de tiempo, el aumento de tareas y gastos, así como, nuevos temas a negociar, que puede promover un ambiente de tensión que genere desgaste a nivel personal y de pareja.

La nueva madre se encuentra agotada y dolorida recuperándose del parto, a la vez que está enfocada en la atención y cuidado del bebé, lo que implica un cambio importante en la pareja, que queda relegada a un segundo plano. No todas las relaciones se adaptan por igual a estas modificaciones, que pueden añadir conflictos que antes no tenían. Un psicólogo perinatal puede ayudar a que la pareja pueda elaborar mejor la transición, promoviendo que cada uno ocupe su lugar dentro de la paternidad, favoreciendo que ambos sean un apoyo en lugar de distanciarse emocionalmente. A su vez, puede promover nuevos recursos que permitan el cuidado de la relación de pareja a lo largo del proceso.

Existen muchos miedos que pueden surgir ante la llegada del nuevo miembro a la familia. Desde los celos por parte de sus hermanos, hasta si la pareja estará a la altura de los cuidados del bebé y será realmente un apoyo. Otro tema que preocupa es determinar el papel que va a ejercer la familia política en la crianza del bebé. Muchos problemas en la pareja surgen porque las familias de origen se sobreimplican en la manera de crianza de los padres, sin respetar los límites.

En estos casos, la labor del psicólogo va a ser de utilidad para encuadrar de forma clara lo que quieren que ocurra cuando nazca el bebé. Es muy importante que estas preocupaciones se trasladen antes del nacimiento para que así la pareja esté más preparada para hacer frente a futuras tensiones. Los futuros papás tienen que tener claro desde cómo manejar los celos del nuevo hermanito, hasta cómo les gustaría a cada uno contribuir en la crianza de su hijo. Es fundamental dejar claro a los padres que ahora son un nuevo modelo familiar y que no tienen por qué reproducir fielmente la educación que recibieron de sus padres. Está claro que va a influir en el modelo de crianza pero son ellos los que tienen la última palabra para decidir cómo quieren educar a su hijo y así evitar tensiones futuras.

Cuando los padres acuden a terapia antes del nacimiento pueden favorecer un trabajo importante de prevención de posibles problemas psicológicos. Ésta puede mejorar los recursos para la adaptación, resultando de gran utilidad.

En la actualidad la sociedad se enfrenta a transformaciones y nuevos modelos de familia que cambian continuamente. En los últimos años, la psicología ha intentado profundizar en ello, para poder arrojar luz sobre las vivencias más comunes y los recursos más importantes a desarrollar en estos casos, para poder mejorar la salud emocional de las familias en la sociedad actual.

Actualmente, ha aumentado la frecuencia de familias monoparentales. Un hombre o una mujer que deciden ser padres por sí solos. Ejercer la paternidad es una tarea compleja y demandante, hacerla en soledad es sin duda un gran desafío. La psicoterapia puede aportar un espacio de cuidado para esa madre o ese padre, que asume por sí solo los cuidados de su bebé, pero que también requiere ser cuidado. Promover las redes de apoyo y los lugares de sostén en estos casos es muy importante, la terapia es una herramienta idónea para ello.

Cada vez más, se observa un profundo cambio en el rol del padre en la tarea de la crianza. Así como, mayor complejidad para las madres y los padres para hacer frente al cuidado de los hijos y compatibilizarlo con la vida laboral. En ese sentido, los abuelos también están asumiendo un rol diferente en la familia en este aspecto. Familias con padres homosexuales, que pueden tener dudas en cuanto al manejo de algunos aspectos de la crianza de los niños, debido a que constituye un fenómeno social nuevo.

A pesar de que los roles cambian, se mantiene algo en común, queremos hacerlo lo mejor posible. A veces esto puede implicar mucha sobrecarga emocional y física, que pueden afectar al cuidado emocional de los pequeños. La terapia puede convertirse en un espacio de apoyo en estos casos, para potenciar recursos que ayuden a renegociar los roles y las responsabilidades, así como cuidar de la salud emocional de todos los miembros de la familia.

¿QUÉ PROFESIONALES PUEDEN AYUDARME?

Mariana Luque Santoro
Mariana Luque SantoroNº de colegiada M-28675
  • Licenciada en Psicología especialidad clínica.
  • Máster en Psicología de la Salud y Práctica Clínica por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.
  • Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.
  • Experta en Evaluación Psicológica con test Psicométricos y Proyectivos en población Infanto-​juvenil y de Adultos.
  • Especialista en Mediación Familiar.
  • Especialista en Violencia de Género.
  • Experta en Mindfulness para la gestión del estrés y la prevención de la depresión.
  • Experta en técnica de Caja de Arena para la gestión de problemas emocionales y contenidos traumáticos.
  • Experiencia en evaluación psicológica y psicoterapia infantil (duelos, dificultades para la gestión emocional, relación padres-hijos, trastornos del apego).
  • Experiencia en evaluación psicológica y psicoterapia para adultos (problemas de ansiedad, depresión, dependencia emocional, malos tratos, trauma complejo, etc).

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