Psicología para adolescentes 2017-07-26T19:16:15+00:00

PSICOLOGÍA PARA ADOLESCENTES

La adolescencia es una etapa vital que involucra numerosos cambios, a nivel físico, psicológico y social. Durante ésta, existen diversos retos que el adolescente debe alcanzar como parte de su desarrollo evolutivo. Algunos de ellos están relacionados con los procesos de separación e individuación, mediante los cuales, el adolescente se separa de sus padres, lo que permite la constitución de sí mismo como un ser individual e independiente, sentando las bases de su identidad. Esta dinámica tiende a darse a través de la reafirmación, la rebeldía, la exploración, el alejamiento, la confrontación y muchas veces el conflicto. Reacciones que aparecen cuando el adolescente tiene que cumplir ciertas normas y someterse a cierto grado de disciplina, que le suponga no conseguir una satisfacción inmediata. Son frecuentes en esta etapa algunos comportamientos que retan a las normas sociales y familiares, como parte de esta reafirmación del sí mismo. Por ejemplo: faltar a clases, conductas retadoras y oposicionistas, mentiras, salir sin autorización, etc.

Sin embargo, hay ocasiones en las que estas conductas pueden salirse de lo esperado, bien sea por su intensidad, cronicidad o nivel de transgresión, ocasionando un impacto en la vida del adolescente y su familia. Es una etapa donde suelen evidenciarse de forma más notoria, posibles carencias o conflictos de etapas infantiles, lo que puede producir que se pongan de manifiesto conductas patológicas. Por ejemplo, robos, agresiones verbales o físicas, transgresión de la ley, consumo de sustancias, etc.

Es importante recibir apoyo y asesoramiento en esta etapa, que ayude a poder reconocer las diferencias entre los comportamientos esperados para este momento evolutivo, y aquellos que pueden resultar patológicos. Para a su vez poder prevenir el desarrollo de problemas psicológicos en la vida adulta. La intervención en estos casos consiste en el trabajo con los padres, proporcionándoles un entrenamiento adecuado en el manejo de las situaciones de conflicto dentro del sistema familiar, abordando el manejo de las normas, la negociación, los límites, la regulación emocional, etc. Así como, es necesario el trabajo terapéutico directamente con el adolescente proporcionándole recursos para la gestión emocional, las habilidades sociales, la resolución de problemas, etcétera

PODEMOS AYUDARTE EN…

TRASTORNOS DE CONDUCTA

Los trastornos del comportamiento, engloban una serie de conductas de oposición a las normas sociales y a las figuras de autoridad, generando dificultad en la convivencia con otras personas. Existen diversas variables que pueden influir en la aparición y el reconocimiento de estos problemas, tales como la edad, el nivel de desarrollo cognitivo, el contexto familiar y social, entre otros. Es importante identificar si estas conductas se dan de forma puntual o aislada, o, por el contrario, si son extremas y/o permanentes en el tiempo, provocando un desajuste significativo en alguna de las áreas de la vida del adolescente. Es en este último caso, cuando se consideran como parte de un trastorno de conducta, y no sólo como parte del proceso normativo de búsqueda de su independencia.

Se trata entonces de la existencia de un patrón de conducta inadecuado para su edad, que es persistente y repetitivo, que está caracterizado por el incumplimiento de las normas sociales y la oposición a las demandas de las figuras de autoridad, generando un deterioro de las relaciones sociales y familiares. Es posible considerar estos problemas dentro de un continuo, con un aumento de la gravedad, que abarca desde los Problemas Paterno-filiales y el Comportamiento Antisocial en la adolescencia, hasta llegar al Trastorno Negativista Desafiante y el Trastorno Disocial.

Con mucha frecuencia y como parte de esta etapa vital, los adolescentes adoptan comportamientos inmaduros, desafiantes y exhibicionistas, como parte del proceso del logro de su identidad, por medio de las cuales pueden tener dificultad para aceptar la autoridad y obedecer.

Pudieran identificarse como parte de los síntomas de una desobediencia patológica, que constituyen un Trastorno Negativista Desafiante, el cual se refiere a la presencia de un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante, que se mantiene por más de 6 meses y genera un deterioro en la actividad social, académica o laboral. En estos casos, se presentan conductas como pataletas, discusiones, desafíos, molestias deliberadas a los demás, presencia de cólera y resentimiento, comportamientos rencorosos y vengativos.

Es importante buscar ayuda profesional para atender a estos comportamientos y reestablecer la jerarquía dentro del sistema familiar. Ante este momento vital, es necesario que los padres se replanteen la forma de ejercer la autoridad, donde se eviten actitudes autoritarias y proteccionistas, favoreciendo límites firmes, claros, consistentes, pero respetuosos y afectivos.

La adolescencia es una etapa compleja, que requiere de la adaptación a múltiples cambios físicos, psicológicos y emocionales, que generan fuerte confusión e incertidumbre. En muchas ocasiones, la agresión puede ser una alternativa que encuentra el adolescente para canalizar sus emociones. Aunque retos de esta etapa evolutiva, como el logro de su independencia, puedan desencadenar comportamientos agresivos, éstos suelen ser de forma aislada, puntual o en un nivel de intensidad que no interfiera con su funcionamiento en distintas áreas.

La agresividad en el adolescente puede ser reflejo de elementos familiares conflictivos, como ausencia parental, desestructura en los roles familiares, estilos educativos excesivamente autoritarios o excesivamente permisivos, o por ejemplo, en consecuencia de problemas de exclusión, bullying o conflicto dentro de grupos sociales o del entorno escolar, entre otros. Esto puede desencadenar comportamientos violentos a nivel verbal, físico o psicológico, que pueden manifestarse dentro del sistema familiar, entre parejas adolescentes, el contexto académico, en las redes sociales, etcétera.

Es importante que los padres reconozcan la existencia de este problema y ayuden a sus hijos a recuperar el control, así como, encontrar estrategias más sanas para la gestión de sus emociones.

En casos clínicos de trastornos de conducta, es importante descartar la presencia del Trastorno Disocial, siendo un patrón de conducta repetitivo y persistente, en el que se violan los derechos de otras personas, o se trasgreden normas sociales de la edad. Manifestando durante por lo menos un período de seis meses, agresiones a otras personas o animales, con presencia de amenaza, intimidación o crueldad, en peleas físicas, robos o en una actividad sexual. Destrucción de la propiedad, tales como incendios o deterioro de las propiedades de otro. Así como, actos de fraudulencia o robo, sin enfrentamiento con la víctima y/o para obtener bienes o evitar responsabilidades.

Para esto es importante realizar un proceso terapéutico, que dote de recursos a toda la familia para resolver los conflictos, trabajar posibles conductas y dinámicas agresivas que puedan estar presentes en el entorno, además de apoyar al adolescente en superar posibles situaciones conflictivas, incrementar su adecuación a las normas, aumentar sus recursos emocionales como el autocontrol y resolución de problemas.

Durante esta etapa, no se ha completado el proceso de maduración cerebral de las funciones ejecutivas, por lo tanto, es esperado que existan dificultades para la inhibición de la impulsividad, así como, para la planificación y la anticipación de consecuencias. Por lo tanto, se considera que está dentro de lo normativo que el control de impulsos en esta edad sea deficiente, siendo muy frecuentes comportamientos impulsivos, conductas de riesgo y de exploración, entre otros.

Sin embargo, es posible hablar específicamente de la presencia de trastornos del control de impulsos, cuando existe una incapacidad persistente, para resistir un deseo o para dejar de realizar acciones que puedan resultar perjudiciales para sí mismo o para otros. Pudiendo generar consecuencias muy negativas que dificulten la adaptación y el funcionamiento del adolescente dentro de su entorno.

Dentro de los trastornos del control de impulsos más frecuentes, suele estar el Trastorno Explosivo Intermitente, que se refiere a un patrón aleatorio de reacciones conductuales agresivas, que son desproporcionadas, y no pueden atribuirse a un motivo concreto, lo que ocasiona alteraciones significativas en algún área de la vida del adolescente. Éste se caracteriza por estallidos de violencia que son repentinos y breves, como arrebatos recurrentes, que pueden ser de agresión verbal o que provoquen daños físicos, que se desencadenan por situaciones que pueden resultar frustrantes o estresantes. En estos casos, existe una elevada dificultad para gestionar la frustración, perdiendo el control de su comportamiento, de forma parcial o total, mediante estos episodios de ira, como una reacción desproporcionada, ante situaciones que pueden ser aparentemente insignificantes.

Otros trastornos del control de impulsos que suelen ser frecuentes pueden ser la cleptomanía, relacionado con el robo de objetos de forma compulsiva; la piromanía, relacionada con la tendencia a provocar incendios; entre otros. Es muy importante realizar un proceso terapéutico, para trabajar estrategias de autocontrol, que mejoren los recursos reflexivos del adolescente, así como, aumentar sus recursos emocionales para gestionar sus emociones y resolver los problemas.

La necesidad del adolescente de reafirmarse ante la autoridad, y rebelarse ante su entorno, como parte del proceso de construir las bases de su identidad y ganar autonomía, muchas veces genera que experimenten y reten para reconocer hasta dónde llegan sus límites. Estos procesos, aunados a la dificultad para poder contener los impulsos y anticipar las consecuencias, así como la búsqueda de estimulación y el sentimiento de invulnerabilidad de esta etapa, puede aumentar el riesgo del adolescente, de incurrir en una conducta delictiva.

La conducta delictiva suele entenderse como infracciones a las normas jurídicas, bienes materiales y/o personas, que pueden ser realizadas de forma intencional o por desconocimiento. Entre éstas pueden encontrarse el consumo de sustancias, el daño de algún bien o propiedad, entre otros. Los delitos cometidos pueden ser menores, o pueden llegar a ser graves y clasificados. Es frecuente que estos actos puedan ser cometidos en grupo, motivados muchas veces por la presión social o el deseo de aceptación al grupo de pertenencia, donde este tipo de acciones puede ser valorada positivamente.

Algunas variables que se han visto asociadas a la presencia de conductas delictivas en los adolescentes pueden ser: un sistema de valores diferente a los normalizados, problemas familiares, violencia intrafamiliar, carencia de habilidades sociales falta de empatía, inadaptación escolar, incapacidad para el logro de metas valoradas socialmente, problemas para identificarse con el grupo de pares, carencias afectivas, estilos disciplinarios severos o muy permisivos, entre otros.

Es fundamental pedir ayuda profesional, que valore la situación emocional, social y familiar del adolescente, realizando un diagnóstico adecuado, para poder realizar una intervención integral, que permita la integración del adolescente y su adaptación al entorno.

No dudes en ponerte en contacto con nosotros si te sientes identificado con algunos de estos síntomas, cuanto antes tomes medidas, antes se solucionará la situación. Ganareis todos: los padres y el adolescente.

CAMBIOS VITALES

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PROBLEMAS ESCOLARES

La adolescencia es una etapa complicada y con muchos factores que influyen en su vida. A su vez, es una etapa escolar decisiva con una alta responsabilidad que en muchas ocasiones no están preparados para manejar. Por tanto, cuando se valora que el rendimiento académico de un adolescente no es el esperado es importante evaluar las posibles dificultades para así poner los medios y solucionarlos adecuadamente.

El fracaso escolar no es un problema sencillo y puede producirse por múltiples factores. Hay ciertos aspectos comunes en los adolescentes que suspenden: la falta de motivación y la falta de autoestima.También hay que tener en cuenta que los que ahora son adolescentes han crecido en la cultura rápida de conseguir todo ya. Tienen a su alcance tecnología y entretenimiento al instante, por lo que están menos habituados que otras generaciones a esperar o postergar el ocio hasta más tarde. Por eso cómo los educamos y cómo instauramos en ellos un hábito de estudio es muy importante.

El hábito de estudio está directamente relacionado con el rendimiento escolar, si el adolescente tiene un buen hábito, siguiendo una metodología apropiada, es más fácil que obtenga mejores resultados y que su motivación por el colegio y el estudio, aumente. También es importante recordar que el objetivo de sacar buenas notas es aprender y entender lo que ven en clase, no repetir de memoria conceptos que luego van a olvidar. Para obtener el máximo rendimiento al estudio es importante que el adolescente comprenda lo que está estudiando. Para ello hay que trabajar tanto en clase como en casa:

  • En clase se trabaja la mejora de atención y tomar apuntes de un modo eficiente.
  • En casa se trabaja la organización del tiempo y planificación del estudio, así como técnicas de estudio y memorización.

En la adolescencia los grupos de amigos influyen mucho en el comportamiento del adolescente, que puede no estudiar para que sus amigos no lo acusen de “empollón”. Igualmente, no hay que olvidar la propia idiosincrasia de la adolescencia: comenzar a tener pareja, más posibilidades de un ocio nuevo y atractivo, experimentación, la importancia de los amigos y la necesidad de aceptación por parte del grupo de iguales… todo eso puede distraer de las obligaciones.

Además, muchas veces el fracaso escolar está motivado por problemas en el estado de ánimo, como depresión, o ansiedad. Los adolescentes pueden sentirse incomprendidos por las personas de su entorno, y ver el futuro como algo negativo, lo cual les lleva a ser más propensos a tener un bajo estado de ánimo o ansiedad, dificultando que estudien.

Un proceso terapéutico es fundamental para tratar los problemas que están de base y que hacen que el adolescente no esté motivado para estudiar. En terapia, se trabaja la autoestima, el desarrollo de la empatía, la mejora del entorno para que el adolescente se sienta seguro y comprendido, así como el logro de la motivación a través de metas a corto plazo, pequeñas y alcanzables.

Es importante tener en cuenta todos estos factores para ayudar a nuestros adolescentes a mejorar las notas, ya que su futuro estará influido en gran medida por las calificaciones que obtienen en la etapa escolar. Por ello, la guía de un proceso terapéutico, el apoyo desde casa, así como la adquisición de unos hábitos de estudio positivos ayudan sin duda al adolescente a tener éxito en sus estudios.

¡No esperes más! Pide cita al 914 735 784 o contacta con nosotros mediante un e-mail

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TRASTORNOS DE ANSIEDAD

ADICCIONES

El consumo de drogas puede provocar problemas familiares, escolares y sociales en el adolescente. El trabajo con el adolescente cuando se sospecha que existe consumo de drogas es importante e imprescindible y también lo es el trabajo con los padres, ya que no tener las nociones necesarias sobre cómo actuar en estas situaciones, puede empeorar la situación.

Algunos factores de vulnerabilidad para el desarrollo de cualquier adicción son:

  • Conflictos familiares y violencia doméstica.
  • Relación con gente de la misma edad que consumen o valoran las sustancias peligrosas.
  • Facilidad para conseguir sustancias peligrosas.
  • Comportamiento antisocial como mentir, robar y agredir.
  • Falta de autocontrol, de seguridad en sí mismo.
  • Baja autoestima.
  • Hábitos de vida inadecuados.
  • Problemas emocionales y psicológicos en general.
  • Falta de vínculos afectivos.
  • Actitudes familiares que favorecen en consumo de drogas.
  • Poca disciplina y supervisión del niño.

Si ves que tu hijo/a tiene alguno de estos factores no dudes en abordarlo cuanto antes, un proceso terapéutico puede ayudarle enormemente y protegerle de caer en una adicción, situación que es mucho más complicada.

¡No esperes más! Pide cita al 914 735 784 o contacta con nosotros mediante un e-mail

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TRASTORNOS ALIMENTARIOS Y DE LA INGESTA DE ALIMENTOS

¿Qué se entiende por Trastornos de Alimentación?

Podemos definir los Trastornos de Alimentación como aquellos cambios o alteraciones en los hábitos de alimentación que pueden producir consecuencias graves a nivel físico, psicológico y social.

No obstante, desde nuestra experiencia clínica en el Centro de Psicología Arganzuela, podemos afirmar que, en la mayoría de los casos, son alteraciones psicológicas o psicosociales previas, las que impactan directamente sobre los estilos o hábitos de alimentación.
Comer muy poco, comer demasiado o una dieta desajustada nutricionalmente pueden llegar a ser hábitos alimenticios problemáticos si se mantienen demasiado tiempo. Además, si estos hábitos inadecuados se expresan en una persona con determinadas características psicológicas (hiperresponsabilidad, perfeccionismo, baja tolerancia a la frustración, baja autoestima, impulsividad,) es más probable que se dé la aparición de un trastorno de alimentación.

Estos trastornos con frecuencia se desarrollan durante la etapa de la adolescencia o a inicios de la edad adulta. Sin embargo, nuestros psicólogos expertos en trastornos de la conducta alimentaria señalan que, si estuviéramos atentos al comienzo de los síntomas, de los cambios en los hábitos alimentación, y actuáramos con rapidez, el problema no llegaría a agravarse.

Artículos de interés

Artículo: “PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS DE ALIMENTACIÓN”

Antes de describir los diferentes tipos de trastornos de alimentación, desde el Centro de Psicología Arganzuela queremos hacer hincapié en que NO se trata de niñas o niños superficiales, presumidos, egoístas o caprichosos. Viven dominados y controlados por su miedo a engordar, el miedo les dice qué deben comer y qué no, el miedo les engaña, les hace verse gordos, feos, desproporcionados o débiles. Que la familia de estos niños, así como la sociedad en general, comprenda lo que ocurre es una labor fundamental. El desconocimiento, la crítica, la intolerancia y la presión a la que se ven sometidos no les ayuda a enfrentar este miedo. Cambiarán y perderán el miedo si se les comprende y se les dan herramientas para enfrentarse con su miedo a engordar, el perfeccionismo, la baja autoestima, la autocrítica.

¡No esperes más! Pide cita al 914 735 784 o contacta con nosotros mediante un e-mail

La anorexia se caracteriza por una pérdida importante de peso, situándose por debajo del peso mínimo establecido como saludable. Estas niñas (es más frecuente en mujeres que en hombres) viven dominadas por el miedo a engordar. El control del peso y la comida se vuelven para ellas una obsesión. Comen muy poco y usan ciertos rituales y mecanismos para no engordar. Consumen únicamente unos pocos alimentos, lo que provoca un déficit importante de vitaminas, minerales y nutrientes lo que acaba a afectando gravemente a su salud física. Esta dieta extrema con frecuencia desemboca en atracones de “alimentos prohibidos” (lo que es normal, dado que es insoportable estar sin comer), lo que a su vez les genera culpa (por saltarse la dieta) y de nuevo miedo a engordar, llevándolas al ejercicio excesivo, vómitos que ellas mismas provocan, o uso inadecuado de laxantes, diuréticos o enemas.

En esta línea, podemos ver como la anorexia no es únicamente un problema con el peso o los alimentos, sino un intento de usar el peso y los alimentos para manejar sus problemas emocionales.

La bulimia se caracteriza por episodios frecuentes y recurrentes de atracones de comida, ingiriendo cantidades inusualmente grandes de comida de forma descontrolada. Estas niñas suelen ocultar sus atracones y conductas compensatorias, ya que estos comportamientos vienen acompañados de sentimientos de asco, vergüenza. Al asco y la vergüenza se unen de nuevo la culpa y el miedo a engordar, por lo que los atracones van seguidos de ciertas conductas de compensación, tales como provocarse el vómito, hacer ejercicio excesivo, ayuno o el uso de diuréticos y laxantes.

Los ciclos de atracones y conductas de control o compensatorias suelen ocurrir varias veces a la semana e incluso varias veces al día. Estas personas suelen tener un peso normal o incluso un ligero sobrepeso, siendo frecuentes las fluctuaciones de peso. Al igual que en la anorexia, hay mucho miedo a engordar e insatisfacción corporal.

Es necesario un proceso terapéutico para salir de la bulimia. Ponte en contacto con nosotros y te ayudaremos.

El trastorno por atracón se caracteriza, al igual que la bulimia, por la presencia de atracones frecuentes (alrededor de 3 veces a la semana) y descontrolados, pero a diferencia de la bulimia, estos episodios no van seguidos de conductas de compensación, por lo que a menudo ganan mucho peso, llegando a padecer obesidad, lo que conlleva un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Quienes padecen este trastorno no pueden parar de comer o no pueden controlar qué y cuánto comen, independientemente de si tienen hambre o no, o se sientan saciados. Estas conductas vienen acompañadas igualmente de sentimientos de vergüenza y culpa, por lo que les cuesta reconocer el problema, a pesar de no saber qué hacer para controlar los atracones.

El trastorno por atracón está asociado con la adicción a la comida y el tratamiento requerido es similar a la adicción a otro tipo de sustancias como puede ser el alcohol.

La vigorexia es un trastorno por el que la persona percibe sus características físicas de manera distorsionada, se obsesiona con sus imperfecciones y se preocupa excesivamente por parecer demasiado pequeña o débil. Esto lleva a la persona no solamente a un desajuste en sus hábitos alimenticios sino a realizar ejercicio de forma compulsiva, ejercitando su cuerpo generalmente en gimnasios con el fin de desarrollar más su masa muscular.

Esto se complica cuando la persona consume esteroides o anabolizantes con el fin de aumentar aún más su masa muscular, ya que el consumo de estos productos tiene consecuencias muy negativas a nivel físico, aumentando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, disfunción eréctil, cáncer de próstata, lesiones hepáticas, etc.

Este trastorno suele estar muy relacionado con el trastorno obsesivo-compulsivo e implica numerosas consecuencias negativas en diferentes ámbitos de la vida de la persona, afectando a las relaciones personales, especialmente a las relaciones de pareja.

Puedes visualizar el siguiente documental en el cual participó nuestra directora Esther Gómez García-Romeral:
Video: “ATLETAS MUTANTES”

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

TRASTORNO DEL ESTADO DEL ÁNIMO

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