Terapia Sensorio-motriz

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Terapia Sensorio-motriz2018-07-24T17:33:58+00:00

Terapia Sensorio-motriz

¿Qué es?

La Terapia Sensoriomotriz es una modalidad de terapia verbal, que parte del cuerpo como el gran aliado en la intervención. Está orientada a buscar que la persona pueda procesar a través de lo corporal los recuerdos y efectos neurobiológicos del trauma o de la herida del desarrollo que está produciendo los síntomas.

¿En qué se basa?

El cuerpo es un recurso que nos permite existir en el mundo que nos rodea, aunque muchas veces se vive como lejano y es excluido de nuestra conciencia. Este tipo de terapia parte de la comprensión teórica de que la forma, la estructura y el movimiento del cuerpo, son reflejos de las creencias restrictivas que se han ido internalizando a lo largo del desarrollo, a raíz de las posibles necesidades psicológicas y emocionales que han quedado insatisfechas, o que se han experimentado de forma conflictiva.

Esta terapia propone, a través de la autoobservación y el trabajo corporal, generar un cambio en los pensamientos, emociones y comportamientos, relacionados con una experiencia traumática.

¿Cómo funciona?

Durante las sesiones de Psicoterapia Sensoriomotriz, se aplican ejercicios específicos en conciencia plena, intentando acceder desde lo corporal a los recuerdos que están ligados a experiencias traumáticas. Aunque podamos no ser conscientes de ellas, éstas igualmente producen malestar y pueden ser el origen de algunos síntomas de ansiedad y depresión.

Explorar sobre las expresiones físicas y sensoriales, aprender a reconocerlas, aceptarlas y transformarlas, permite comprender los significados de los procesos que están presentes en el cuerpo y en el cerebro, así como la influencia que tienen en el resto de áreas de la persona. Se trabaja con elementos sensoriales, cognitivos y físicos, para tratar el problema que lleva al paciente a la consulta. En las técnicas utilizadas, no es necesario el contacto físico, todos los ejercicios se acuerdan entre el terapeuta y el paciente.

¿Por qué elegir este tipo de intervención?

El trabajo sensoriomotriz implica una forma de procesar diferente a las psicoterapias tradicionales, ya que propone una intervención que se inicia desde lo corporal y sensorial, para luego pasar a lo racional. Pretende desarrollar recursos de regulación desde los canales sensoriales y lo afectivo, que ayudan a la persona a poder acceder a posibles elementos traumáticos que se han olvidado de la conciencia, pero que permanecen en el cuerpo, que pueden generar síntomas como la reexperimentación, la hiperactivación, etc. Para poder superar experiencias traumáticas, el procesamiento únicamente desde lo racional no es suficiente, por lo que este tipo de intervención es necesaria para poder hacer un abordaje completo en este tipo de problemas.

De esta forma, se enseña a la persona a comprender cómo interactúan sus sensaciones corporales internas, sus movimientos, emociones y pensamientos, para poder inhibir acciones relacionadas con el trauma, sustituyéndolas por recursos somáticos, habilidades de regulación y comportamientos más sanos que ayuden a su adaptación.

¿Para qué puede utilizarse?

Esta técnica permite intervenciones eficaces en dificultades para la regulación emocional, experiencias traumáticas, problemas disociativos, patrones de comportamiento disruptivos, problemas en la integración de la personalidad, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos del apego, etc.

Un ejemplo de su uso…

“J.A. había sufrido un accidente de pequeña en el que cayó sobre una puerta de cristal, ocasionándole profundas heridas que casi provocan su muerte. En la adultez, seguía viniendo imágenes sobre este episodio, veía la sangre y el personal del hospital, reviviendo con mucha angustia las sensaciones, provocándole síntomas de ansiedad que impedían que pudiera hacer su vida con normalidad.
En algunas sesiones de su terapia sensorio-motriz, en la segunda fase del tratamiento, comenzó a trabajar con la terapeuta la rememoración de los recuerdos a cámara lenta, así como de los sucesos antes, durante y después del accidente. Se promovió el recuerdo de los recursos que tuvo a su alcance y utilizó, así como la conexión con las “cosas positivas” que estaban ocurriendo antes del accidente.
Explorando en conciencia plena a través de distintos ejercicios, para conectar con las sensaciones físicas placenteras de lo que ocurrió antes del accidente, pudo ir identificando los elementos de esa experiencia positiva, reviviendo la sensación de alegría y vitalidad de su cuerpo, momentos antes, mientras jugaba con su hermano pequeño.
Posteriormente pudo evocar el recuerdo de que su padre, tras el accidente, quien le ayudó a levantarse cogiéndola en brazos, con una expresión de ternura, dándose cuenta de que fueron pocas la veces que sentía a su padre de esa manera. Durante la terapia, pudo fijarse en las sensaciones producidas y trabajar con ellas. El calor en su pecho al inspirar, la imagen de la mirada del padre al cerrar los ojos, le permitieron revivir la sensación física y emocional de “sentirse querida” por él, enmarcándose como recurso para poder trabajar el recuerdo traumático y permitir su integración.
En este punto de la terapia se trabajó la identificación de recursos alrededor del trauma vivido, que hasta ese momento no habían sido recordados y que permitió progresivamente poder dirigir la atención hacia ellos al rememorar ese suceso. De esta manera se pudo dar paso en su proceso, al poder reducir la evitación del recuerdo, facilitando nuevos pasos en su tratamiento y disminuyendo los síntomas de ansiedad”.

Extracto del libro:
Odgen, P., Mintonm K., y Pain, C. (2009). El trauma y el cuerpo, un modelo sensoriomotriz de psicoterapia. Desclé de Brower, Bilbao.

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