ARTÍCULO: ¿SOMOS CONSCIENTES DE LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES?

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ARTÍCULO: ¿SOMOS CONSCIENTES DE LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES?

¿SOMOS CONSCIENTES DE LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES?

Marta Bengoechea Uriarte –Psicóloga de Centro de Psicología Arganzuela

martabengoechea@psicoarganzuela.es

Quizás, muchas personas vivimos el día a día sin ser muy conscientes de lo que nos ocurre a nivel interno. Estamos concentrados en la rutina y las obligaciones y no prestamos atención a nuestro mundo emocional, incluso muchas veces intentamos negarlo bajo la creencia equivocada de que si no sentimos, seremos más productivos, o más fuertes.

Tal vez, por este motivo, ha tenido tanto impacto entre los adultos la nueva película de Pixar que nos ilustra sobre el valor y la importancia que tienen las emociones a la hora de llevar una vida saludable desde el punto de visto emocional y psicológico: “Del revés (Inside out)”.

En la literatura científica se han dado numerosas clasificaciones en cuánto a cuáles son las emociones básicas que todos los seres humanos compartimos, independientemente de cuál sea nuestro sexo, edad, cultura o país de nacimiento. La clasificación más extendida es la que establece seis emociones básicas: ira, tristeza, miedo, asco, sorpresa y alegría. Cada una de ellas nos ayuda a afrontar los acontecimientos de la vida de distintas formas y a distintos niveles. Según Reeve, experto en motivación y emoción humana, las emociones tienen 3 funciones principales. Nos ayudan a adaptarnos al medio y a los eventos que nos suceden, nos acercan a las personas, lo cual es de vital importancia ya que somos seres socialesque necesitamos de la interacción interpersonal, y además nos motivan para lograr aquello que deseamos. Vamos a ir desgranando cuál es la utilidad de cada una de estas emociones.

La ira sirve para defendernos, ya que nos permite movilizar la energía necesaria para reaccionar ante un ataque y también nos ayuda a eliminar los obstáculos que interfieren en la adquisición de un objetivo. Muchas veces se asocia la ira con la agresividad, sin embargo, son constructos diferentes ya que uno es una emoción y otro un comportamiento y no tienen por qué ir siempre de la mano. La ira es una emoción natural que nos aporta energía para reaccionar ante un evento concreto.

La tristeza nos ayuda a elaborar pérdidas, favorece la empatía y la cohesión con otras personas. Es una emoción displacentera, pero altamente necesaria. Aquellas personas que niegan esta emoción, no pueden elaborar eficazmente el duelo por la pérdida de un trabajo, una persona querida o un objetivo vital.

 El miedo es otra de las emociones básicas que a casi todos nosotros nos gustaría eliminar de nuestro repertorio emocional. Sin embargo, es altamente útil ya que nos ayuda a mantenernos alejados de situaciones peligrosas y a sobrevivir. Es cierto que a veces esta emoción nos invade dificultándonos afrontar situaciones que no constituyen un peligro real, como puede ocurrir por ejemplo, a las personas que padecen algún tipo de fobia. Estos casos son producto de condicionamientos o aprendizajes previos que es necesario modificar, pero el miedo en sí mismo es necesario y útil para la supervivencia.

El asco nos ayuda a evitar o escapar de situaciones desagradables. A pesar de ser una reacción con un alto componente fisiológico, nos pueden dar asco muchas cosas a parte de sabores o alimentos. Por ejemplo nos pueden dar asco ciertas conductas y actitudes de algunas personas, lo cual nos ayuda a mantenernos alejados de ellas.

La sorpresa es una emoción neutra, puede ser tanto negativa como positiva en función de qué estímulo sea el que nos sorprende. La sorpresa nos permite dirigir todos nuestros recursos atencionales para poder procesar la información novedosa.

Por último, la alegría o felicidad nos ayuda a disfrutar de los acontecimientos vitales, produce actitudes positivas hacia uno mismo y hacia el resto de personas y fomenta distintos procesos cognitivos como la memoria o el aprendizaje.

Si nos fijamos, la mayoría de las emociones básicas tienen una valencia negativa, esto hace que muchas veces intentemos evitarlas para no pasar un mal rato creyendo que así el malestar desaparecerá para siempre, lo cual es un gran error. Según el estudio llevado a cabo por James J. Gross en el campo de la regulación emocional, la supresión emocional tiene consecuencias negativas a distintos niveles.

Por un lado, disminuye la expresividad afectiva, lo cual afecta negativamente al grado de comunicación que la persona establece con su entorno, ya que al suprimir las emociones, la persona es percibida por lo demás como distante o desinteresada en entablar relaciones afectivas.

Está demostrado que a nivel fisiológico suprimir emociones genera una activación importante del sistema nervioso simpático, lo cual provoca un aumento de la tasa cardiaca y de la conductancia de la piel. Este sistema es el mismo que está implicado en la respuesta de ansiedad, lo cual nos da una idea del estrés que sufre el cuerpo cuando intentamos suprimir las emociones. Además, la supresión emocional requiere también un alto esfuerzo cognitivo, lo cual repercute en nuestro rendimiento mental al entorpecer por ejemplo, nuestra capacidad para retener información.

Por tanto, es inútil seguir intentando suprimir aquellas emociones que no nos guste sentir, porque aunque puedan resultar desagradables a corto plazo, todas tienen su función y todas nos ayudan a vivir nuestra vida de forma saludable.

2017-07-20T15:57:40+00:00septiembre, 2015|Blog Gestión emocional|
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