El término “egoísta” tiene muy mala prensa, es un calificativo con el que, en general no queremos que los demás nos describan.
Según la RAE una persona egoísta es aquella que atiende desmedidamente a su propio interés sin cuidarse del de los demás y que presenta un excesivo e inmoderado amor hacia sí mismo.
A veces, esta definición se magnifica llegando a incluir actos normales de cuidado personal. Por tanto, una mala interpretación de esta definición puede provocar que se viva como “egoísmo” ciertas conductas y pensamientos cuya meta es conseguir algo para el propio bienestar o interés, haciendo que la persona experimente sentimientos intensos de culpabilidad.
Es importante diferenciar entre ser egoísta y luchar por el propio bienestar, lo cual recibe el nombre de autorrealización y es una tendencia natural de cualquier ser humano.
Es necesario pensar en nosotros mismos para poder establecer metas y objetivos a alcanzar, ya que si no nos planteásemos qué queremos, qué deseamos o qué necesitamos no podríamos evolucionar y prosperar.
En algunas personas el hecho de pensar en sí mismas les genera unos profundos sentimientos de culpa. Si se ahonda en ellos buscando el origen, generalmente se encuentra su inicio en las experiencias vividas con las personas más importantes de la infancia, es decir, padres, hermanos, abuelos, etc. Puede ser que alguna de estas personas, conscientemente o no, haya transmitido mediante la palabra o los gestos, su desagrado cuando ésta pensaba en sí misma. Estas señales verbales o no verbales eran recogidas por la persona generando así un aprendizaje de que lo que hacía era algo malo o censurable.
Durante los años de infancia y adolescencia la autoestima y la imagen personal se construyen en base a lo que las personas con las que se tienen vínculos especiales le transmiten a la persona sobre sí misma. Por tanto, si conductas que buscaban el beneficio personal, aunque fueran normales y deseables, fueron castigadas o censuradas, lo más probable es que la persona fuera introyectando esa imagen de sí misma como egoísta y sintiéndose culpable por ello.
En función de la intensidad de los sentimientos de culpa la persona podrá pensar en si misma con mayor o menor sufrimiento, sin embargo hay que tener presente que pensar en uno mismo no es una cuestión censurable, sino que pertenece a la propia naturaleza del ser humano. Por tanto, luchar contra eso es tirarnos piedras en nuestro propio tejado. Es importante buscar ayuda para disminuir el nivel de ansiedad y malestar, fomentando la aceptación de uno mismo.
Es más, hay un tipo de egoísmo, que es el egoísmo sano, que tiene que ver con la energía que dedica la persona a cuidar de sí misma. Cuando la persona llega a ser adulta, tiene una responsabilidad, que es la de cuidar de sí misma. Si un adulto no cuida de sí mismo, ¿Quién lo va a hacer por él? Este egoísmo sano, es el que tiene que ver con cuidarse y con hacer cosas por uno mismo que los demás no pueden hacer. Este tipo de egoísmo, el sano, es el que lleva a que la persona pueda sentirse bien y equilibrada ya que a través de él la persona se responsabiliza de su propio auto-cuidado y su propia felicidad.
Cuando una persona no cuida de sí misma lo suficiente, es seguro que tendrá carencias, con lo que o bien se encontrará emocionalmente vulnerable, o bien esperará que los demás la cuiden, generando una dependencia no sana con respecto a los demás.
Con lo que todo egoísmo que tiene que ver con cuidar de uno mismo, no sólo es sano, sino que es absolutamente necesario.
Si te cuesta comportarte de esta manera, no dudes en realizar un proceso terapéutico para descubrir y entender qué es lo que hace que te sientas tan culpable por pensar en ti. Cuando lo descubras, empezará la liberación.
