EL PODER DEL AGRADECIMIENTO
sararodriguez@psicoarganzuela.es
Buscando por internet información sobre la felicidad, me topé con un escrito que se titulaba “el poder del agradecimiento”. Lo primero que pensé al leer el título, fue en algo religioso. “Agradecer” como una práctica de buen cristiano. Y es que hay muchos falsos mitos sobre el significado que se da al agradecimiento en la sociedad occidental. A medida que he seguido documentándome sobre este tema me he dado cuenta de que grandes psicólogos de la psicología positiva como Seligman, Robert Emmons y McCulluogh ya lo investigaban en los años 90 como una variable precursora de la felicidad.
En nuestra cultura el agradecimiento ha ido asociado a la educación, al civismo y al deber moral. Si alguien tiene un gesto contigo, tienes que agradecérselo. A veces, se transforma en una deuda cuando sientes que el gesto tiene que devolverse. Por otro lado, nos han enseñado a ser agradecidos ante los resultados y los logros. Nos sentimos agradecidos cuando nos ocurren cosas excepcionales o poco comunes. En resumen, nos han inculcado un agradecimiento CONDICIONADO.
Si el agradecimiento depende de que algo que espero ocurra, como un regalo de cumpleaños, o de algo que es poco frecuente, como un viaje al extranjero, al final se convertirá en una emoción efímera y poco duradera. Por tanto, no podemos decir que ese tipo de agradecimiento sea del todo beneficioso o precursor de la felicidad, debido a que, cuando se acaba aquello por lo que estamos agradecidos, se acaba también la sensación positiva de agradecimiento.
La felicidad puede ser un estado: “Estoy feliz cuando algo que considero bueno me ocurre” o una identidad: “Soy una persona feliz”. Esto último se refiere a la felicidad como algo más estable y no dependiente de nuestras expectativas. Aquí es donde entra en juego el agradecimiento sin condiciones. Ser capaz de sentirse agradecido por todo y por nada a la vez, por las cosas que simplemente ocurren y están ahí en nuestro alrededor y queremos que sigan estando al día siguiente “el olor a café por las mañanas, la tertulia en la radio yendo a trabajar, el hecho de poder ir a trabajar, la gente que está a mi alrededor y forma parte de mi vida, el tener una lista de motivos que agradecer…”. Se trata de una actitud que genera un estado emocional. La actitud de agradecimiento ante todo lo que está presente en mi vida ahora, me lleva a sentirme bien y a considerarme una persona feliz.
Se trata de agradecer lo que nos gusta y también lo que no nos gusta. Debido a que, esas cosas que tenemos, que no nos gustan, han contribuido a que hoy seamos las personas que somos. Todo ha sido necesario para llegar hasta aquí.
Cuando logramos hacer frente a expectativas que no se cumplen “no haber estudiado lo que quería, no poder cambiar algunas cosas de mi pareja, un proyecto no ha salido como esperaba,…” dejamos de esperar y dejamos de buscarle el sentido a las cosas que esperamos que lleguen y no llegan. Dejamos de centrarnos en lo que debería ser y empezamos a conectar con lo que tenemos “no estudié lo que quería, pero en mi labor profesional he ayudado a muchas personas (en todos los trabajos se ayuda a alguien, de una u otra manera); mi marido no comparte los mismos gustos en ocio, pero ha estado conmigo en momentos importantes; el proyecto no salió como esperaba, pero aprendí muchas cosas muy útiles que, si no lo hubiera intentado no las habría aprendido;…). Si aceptamos que las cosas son como son, las expectativas frustradas empiezan a ocupar un lugar menos protagonista y empezamos a centrarnos más en reorganizarnos con lo que tenemos y queremos que siga estando ahí sin esperar a perderlo para valorarlo.
Por lo tanto, hay dos formas de llegar al agradecimiento:
Cuando sufrimos una situación traumática como un accidente o la pérdida de un ser querido, nos sentimos alejados de nuestra zona de bienestar y tenemos que hacer frente a algo que no esperábamos. Podemos llegar a aceptarlo y no pasar de ahí pensando que es lo único que puedo lograr para superar un duelo. Sin embargo se puede dar un paso más cuando el duelo se cierra con el agradecimiento. Las personas que logran dar las gracias por lo que son tras haber vivido un duelo son sin duda personas que además de aceptarlo crecen personalmente.
Otra manera de llegar al agradecimiento es siendo consciente de las cosas que están presentes en la vida y que quieres que se mantengan. No necesariamente uno tiene que vivir algo traumático para poder agradecer una vez superado. Muchas de las cosas positivas que están presentes en nuestra vida se convierten en neutras porque las normalizamos. Sin embargo vuelven a recobrar su valor ante la amenaza de su pérdida. Las personas que son capaces de agradecer las cosas que están presentes en su vida son más capaces de disfrutarlas viviendo la vida de una manera más plena.
Parece que, últimamente, a nivel social ha habido muchos cambios. La crisis nos ha cambiado a todos, y tras vivir momento duros, es común replantearnos las prioridades. Una señal de este cambio social nos las nuevas iniciativas que crean las personas a partir de sus experiencias. Por ejemplo, en el plano del agradecimiento, hace 5 meses ha sido creada una web para generar una cadena de agradecimientos (www.100thanks.com).
La prueba de que las personas quieren y necesitan agradecer, es el crecimiento tan rápido que ha tenido, llegando a varios países y apareciendo frecuentemente en los medios de comunicación. Inspirado en un periodo de gran adversidad, su fundador tomó la determinación de enviarse un email a sí mismo todas las noches con las cosas que agradecía de ese día y lo leía al día siguiente. Es un espacio en internet donde personas de todo el mundo pueden construir un cuaderno con sus agradecimientos y compartirlo a través de las redes sociales. Todos los agradecimientos se sitúan en un mapa mundial que nos muestra en tiempo real como esta red se va expandiendo.
En un momento en que parece que queremos superar el individualismo y la pérdida de valores, 100Thanks propone un cambio. Y yo desde el beneficio terapéutico que supone agradecer, os animo a que sigáis la cadena.
Sara Rodriguez Lainz
Psicóloga de Centro de Psicología Arganzuela
